Punto de vista de Nadia
La puerta no se abrió de golpe de una vez. Cedió lentamente, como si la casa misma resistiera lo que esperaba al otro lado, la madera astillándose centímetro a centímetro hasta que el hueco fue lo bastante ancho para que él pudiera pasar. Por un segundo, nadie se movió. Ni Adrian. Ni Damien. Ni siquiera los hombres detrás de él. Todo se redujo al espacio entre nosotros, a los años que había enterrado, a la realidad imposible que estaba frente a mí como si nunca se hubier