Punto de vista de nadiaEl almacén olía a óxido y concreto húmedo, el tipo de olor que te hacía consciente de cada respiración que dabas. Había contado cada paso desde el callejón, cada parpadeo de sombra en las paredes, y aun así nada podía prepararme para el momento en que crucé el umbral. La habitación era cavernosa, iluminada solo por una única luz colgante que proyectaba sombras largas y afiladas sobre los rostros de las personas que esperaban. No me esperaban a mí: esperaban el primer indicio de debilidad.Damien estaba ahí, apoyado con aparente despreocupación contra un pilar, brazos cruzados, sus ojos siguiendo cada uno de mis movimientos con esa intensidad inquietante que me erizaba la piel de la nuca. Adrian estaba justo detrás de mí, su presencia un ancla silenciosa en un mar de tensión, mientras la mano de Elena encontraba la mía, cálida y firme, como si intentara recordarme que incluso aquí, no estaba completamente sola.“Llegaste”, dijo Damien, su voz resonando en la cav
Leer más