Punto de vista de nadia
El almacén olía a óxido y concreto húmedo, el tipo de olor que te hacía consciente de cada respiración que dabas. Había contado cada paso desde el callejón, cada parpadeo de sombra en las paredes, y aun así nada podía prepararme para el momento en que crucé el umbral. La habitación era cavernosa, iluminada solo por una única luz colgante que proyectaba sombras largas y afiladas sobre los rostros de las personas que esperaban. No me esperaban a mí: esperaban el primer ind