Punto de vista de Nadia
Lo primero que comprendí al entrar en su mundo fue lo pequeño que siempre había pensado que era el mundo.
Las calles, los edificios, las personas —había vivido mi vida imaginando que el peligro era algo cinematográfico, algo lejano. Pero aquí, el peligro tenía textura. Tenía peso. Se movía en el aire como algo vivo, y pude sentirlo presionando contra mí en el momento en que entré.
El almacén de la noche anterior había sido un ensayo. Esto era el escenario real.
Lo seguí por corredores que olían a cuero, metal y poder. Los guardias me miraron de reojo, ojos agudos pero respetuosos. Nadie me habló a menos que él lo permitiera. Era inquietante, la forma en que la obediencia no se sentía como sumisión, sino como inevitabilidad.
"Esta es tu realidad ahora," dijo en voz baja, sin girarse a mirarme. "Querías verla, y ahora la tienes."
No respondí de inmediato. Estaba absorbiendo, catalogando, sintiendo. Cada esquina tenía significado. Cada mirada llevaba amenaza. No e