Punto de vista de NadiaEl silencio tenía peso. Presionaba contra las paredes, el suelo, mis pulmones. No el tipo pacífico —el tipo que sigue a una tormenta, cuando los escombros aún flotan en el aire y nadie quiere ser el primero en hablar por si el suelo responde.La casa ya había aprendido nuestros patrones de respiración. Cada crujido sonaba intencional. Cada zumbido del generador se sentía como un recordatorio de que nada era normal, ni siquiera el descanso.Me senté a la mesa del comedor con el portátil abierto, el té intacto enfriándose a su lado. Adrian paseaba, se detenía, revisaba su teléfono, volvía a pasear. Lena se apoyaba en la encimera, brazos cruzados, ojos afilados de una forma que me decía que fingía no preocuparse."Digan algo", dije al fin, la voz más delgada de lo que pretendía.Adrian se detuvo. "No quiero decir lo equivocado.""Eso es peor", respondí. "Deja espacio para la imaginación."Lena se enderezó. "Entonces reemplacemos la imaginación con hechos."Cru
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