Punto de vista de Nadia
El primer signo no fue dramático.
No llegó con voces alzadas, ni advertencias, ni puertas cerrándose de golpe. Llegó en silencio, plegado en el ritmo ordinario de mi día, disfrazado tan bien que casi lo pasé por alto.
Casi.
Lo noté cuando una asistente con la que había trabajado durante años hizo una pausa antes de responder a una pregunta simple. La vacilación fue breve, apenas un segundo, pero cayó con peso. Su sonrisa llegó una fracción demasiado tarde, como si tuvier