—Ahora entiendo por qué tienes que mudarte —murmuró, con un dejo de rabia que intentó disimular.Ella bajó la mirada, pero no lo negó.Cuando terminó de escribir, guardó la libreta… y sin pensarlo demasiado, tomó la mano de Isabella.Ella se sorprendió, pero no la retiró.—Isa… —Su voz sonó baja, cargada de preocupación sincera. ¿Estás segura de querer esto? Si no te sientes cómoda, si te está perjudicando… puedo hablar con él. No tienes que aceptar algo que no deseas solo porque él lo exige.Los ojos de Isabella se suavizaron. Había dolor, cansancio… pero también decisión.—Enzo, está bien. —Le dedicó una sonrisa frágil, pero honesta—. No quiero pelear más con los Salazar. Si esta es la manera más rápida de conseguir el divorcio… lo aceptaré. Y, al final de cuentas, ellos me criaron. Considero esto como… un último intercambio.Enzo sintió un nudo en la garganta. Una mezcla de impotencia, rabia y un cariño profundo que n
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