CAPÍTULO 47 — El contraataque
Narrador:
Clarisa no se asustó cuando supo que el rastro del dinero había sido seguido; Clarisa se enfureció.
Porque una cosa era lidiar con sospechas vagas, con lágrimas en un sofá, con una Lucía confundida que volvía a casa buscando consuelo. Eso lo sabía manejar. Eso era su terreno: caricias falsas, palabras dulces, “hija, estás alterada”, “hija, descansa”, “hija, no te hagas ideas”.
Pero el dinero… el dinero era otra cosa.
El dinero no se calma con abrazos.
El d