Capítulo 122Arya.El estruendo del primer golpe contra las puertas del monasterio fue un impacto seco, metálico. Dorian seguía allí, de pie, con la mirada anclada en mis manos, que aún protegían mi vientre de forma instintiva. El tiempo parecía haberse congelado para él, mientras el mundo a nuestro alrededor estallaba en pedazos.—¿Arya? —repitió, y esta vez su voz fue más sobria de lo que pretendía—. Dime que no es lo que creo. Dime que no me has ocultado esto mientras te jugabas la vida en la mina.—Dorian, las puertas… —intenté decir, pero él dio un paso hacia mí, ignorando el cuerno que volvía a sonar, más cerca, más letal.—¡Al diablo las puertas! —rugió, y su voz de Alfa hizo que los cuervos en sus jaulas se agitaran frenéticamente—. ¡Mírame! ¿Es cierto?—Lo es —sentencié, y la palabra salió de mi boca con el peso de una confesión y la fuerza de un escudo—. Estoy embarazada, Dorian. Y el Consejo lo sabe. Lo saben desde antes que yo estuviera segura. Esa niña, el mensaje, los Pa
Ler mais