Capítulo 137Arya.El dolor del parto se desvaneció en un segundo, reemplazado por un silencio sepulcral que solo fue roto por el sonido más hermoso que jamás había escuchado: un llanto agudo, persistente y lleno de una vitalidad salvaje. El mundo, que hace momentos era un caos, se redujo a la pequeña figura que Silas sostenía entre sus manos temblorosas.—Es una niña —susurró Silas, con una sonrisa que le partía el rostro cansado.Dorian, que estaba sentado a mi lado, todavía con el torso desnudo y cubierto por las cicatrices que le había dejado la bestia, dejó escapar un suspiro que pareció liberar meses de agonía.Me tomó la mano con una fuerza contenida, y sentí su calor irradiando hacia mí.Cuando Silas me entregó a la bebé, envuelta apresuradamente en una manta de lino blanco, el tiempo se detuvo. Tenía la piel rosada, un mechón de cabello oscuro pegado a la frente y, al abrir sus ojos por primera vez, vi el destello inconfundible del linaje Blackwood: un gris tormentoso que pr
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