Capítulo 111Arya.Las palabras de mi padre flotaban en el aire como ceniza, pero mi mente ya no lo escuchaba. El pánico nubla el juicio, pero la desesperación, paradójicamente, me había traído una claridad fría.Solté la palanca principal. El hierro frío dejó una marca roja en mis palmas, pero no cedí.—No voy a elegir quién muere, Baryon —susurré, más para mí que para él.—Entonces los matas a todos —replicó él con una suficiencia que me dio náuseas—. Típico de tu debilidad.Me giré hacia Silas, que estaba a mi lado, mirando el reloj de presión que ya vibraba en el límite de lo imposible.—Silas, los planos de los conductos secundarios. ¡Ahora! —le grité.Él abrió el rollo de cuero con manos temblorosas. Mis ojos recorrieron las líneas de grafito. Baryon siempre decía que la mina era un organismo vivo. Si el corazón estaba fallando por la presión, necesitábamos crear una hemorragia controlada.—¡Caín! ¡Jarek! ¡Halen! —grité.Los tres hombres se detuvieron, apartando a los soldados d
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