Capítulo 123.
Capítulo 123
Arya.
El puente no era una vía de escape; era una trampa de madera podrida y cuerdas que se deshacían bajo mis dedos. El aire del desfiladero, cargado de un frío que quemaba los pulmones, me devolvió a la realidad de golpe.
A mis espaldas, el monasterio no ardía con la gloria de las leyendas, sino con el olor nauseabundo de la carne quemada y el azufre.
—¡Arya, no te detengas! —gritó Caín. Su voz sonaba desesperada, rota por el esfuerzo de sostener su escudo contra una lluvia de