Capítulo 128.
Capítulo 128
Arya.
El peso de Dorian en mi regazo era el único ancla que me mantenía unida a la realidad. Sus manos calientes, las que minutos antes habían retorcido acero y arrancado vidas, ahora descansaban inertes sobre mi vientre.
El sedante de Silas me hacía sentir ligera, como si estuviera flotando en el aire, pero el terror de perder el latido que guardaba dentro me mantenía despierta.
—¡Caín, ayúdame! —gritó Silas, abriendo su maletín con urgencia—. Tenemos que sacarle esas flechas ante