~SHELIA~ El sonido del golpe fue seco, fuerte, imposible de ignorar, y por un instante me quedé completamente paralizada, incapaz de procesar lo que estaba viendo. Leo retrocedió un paso por la fuerza del impacto, llevándose la mano al rostro, mientras Oliver permanecía frente a él, respirando agitado, con una expresión que nunca le había visto antes. No era molestia. No era incomodidad. Era rabia y eso me asustó muchísimo. —¿Qué carajos te pasa, imbécil? —le exigió Leo, viéndolo con furia—. ¿Por qué me has golpeado? —¡La estabas besando! —rugió Oliver, extendiendo su brazo hacia mí, para señalarme. —¡Sí! ¿Y cuál es el maldito problema con ello? —¡Que tú no puedes besarla! ¡Te lo prohíbo! Leo se rio, sacudiendo la cabeza, y se tocó la sien. —Te has vuelto loco —le soltó. —Sí. Quizá, pero no voy a dejar que lo vuelvas a hacer. Antes te mato. Me quedé en estado de shock y sentí que mis piernas flaqueaban, pero cuando vi que Leo intentó avanzar hacia Oliver, me inter
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