Narrado por Myra Violeta me ajusta el broche del vestido con manos firmes.—No respires tan fuerte o me vas a mover todo —me regaña, pero sonríe.Yo intento reír, pero el aire no me alcanza. No por miedo. Por la sensación de que esto es real. De que por primera vez no estoy actuando, ni fingiendo un nombre, ni midiendo cada palabra para sobrevivir.Evelyn revisa mi peinado desde atrás, como si fuera una general inspeccionando una tropa.—Te ves bien —dice, y en su voz hay algo que no tenía antes: tranquilidad.—¿Bien? —murmuró—. Me siento rara.Veo mi reflejo. El vestido es blanco, simple, sin exceso. No quiero verme como una reina de cuadro, quiero verme como yo. Como la mujer que cruzó un muro por impulso, que cargó un secreto, que sobrevivió a una casa ajena, que parió sin médico, que luchó con sangre en las manos.Y hoy… hoy solo voy a caminar hacia un hombre que ya me vio rota y no se fue.Violeta me toma la cara con cuidado.—Eryon va a llorar —dice.—Eryon no llora —respondo.
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