ElaraDespierto con el calor, no con la luz. La cama debajo de mí es demasiado ancha, las sábanas demasiado pesadas, y el aroma en la habitación, sin duda, no es el mío. Mi mente tarda un instante en ponerse al día con mi cuerpo, para que la niebla en mi cabeza se disipe lo suficiente como para que el pánico florezca.Esta es la habitación de Orión, y su cama. Me levanto demasiado rápido, el movimiento me golpea el cráneo. Lo último que recuerdo es el jardín, la piedra fresca bajo mis palmeras, la luz de la luna filtrándose entre las hojas, mis pensamientos dispersos pero tranquilos. No hay nada entre ese momento y este, ningún puente, ningún paso, ningún recuerdo de haber sido llevado, guiado o atraído para llegar hasta aquí.Mi respiración se vuelve superficial mientras me miro hacia abajo. Estoy medio cubierto, con una manta hasta la cintura, mi cabello suelto sobre mis hombros como si alguien lo hubiera arreglado con cuidado. Me doy cuenta, como si fuera frágil.Hay una bandeja
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