ElenaEstar en la casa de Lucien era como permanecer dentro de un fantasma.Las paredes eran las mismas, la estructura sin cambios, los huesos del edificio idénticos. Sin embargo, todo se sentía equivocado —desplazado, distorsionado, como un recuerdo que hubiera sido manipulado, como mirar una fotografía sutilmente alterada. Elena caminó despacio por la sala, sus pies descalzos apenas haciendo ruido contra el suelo pulido. El pecho se le sentía apretado, constreñido, mientras miraba alrededor, sus ojos deteniéndose en rincones que una vez habían albergado risas, discusiones, momentos tranquilos que había creído que durarían para siempre.Esta era la casa donde había imaginado un futuro.Donde había elegido muebles y discutido sobre colores de pintura.Donde había soñado con niños corriendo por estos pasillos.Esta era la casa donde había muerto.Se detuvo frente a un cuadro enmarcado que no reconocía —moderno, abstracto, todo ángulos duros y colores fríos. En su vida pasada, esa pared
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