Elena
Me dieron de alta a la mañana siguiente.
La enfermera no paraba de hablar: sobre los horarios de los medicamentos, sobre el descanso y la recuperación, sobre evitar el estrés y las actividades extenuantes… pero su voz se fue desvaneciendo en el fondo mientras me vestía despacio, con movimientos cuidadosos y deliberados. Mi cuerpo todavía dolía profundamente, sobre todo la cabeza, que latía con cada movimiento. Pero el peor dolor no era físico. Era la pesadez en el pecho, el peso que me ap