—Vamos —dijo tendiéndole una mano—. No puedes venir aquí y no bailar al menos una vez.—Soy terrible —se excusó ella.—No importa. Yo te enseño.Tras la insistencia de Bastian, Avelyne se animó a intentarlo. Aunque al principio fue algo torpe e incómodo, pronto la energía del lugar la contagió. Se encontró riendo y siguiendo el ritmo. Él la guió, girándola con una habilidad que delataba práctica.El ambiente entre ellos se volvió liviano, casi íntimo sin proponérselo. Ella giraba con la falda al viento, el cabello suelto cayendo sobre sus hombros, y él, al igual que ella, solo disfrutaba del momento.Cuando la música terminó, quedaron frente a frente, con la respiración ligeramente agitada.—¿Ves? —comentó Bastian con una sonrisa—. No fu
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