Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa puerta de la oficina se abrió con un golpe seco. Bastian entró sin saludar, sin anunciarse ni pedir permiso. Y sin ocultar su mal humor. Tenía el ceño fruncido y la camisa desabotonada del cuello como si se la hubiese aflojado a mitad de camino en un arranque de frustración. Dejó que la puerta se cerrara sola mientras se dejaba caer en una de las sillas como si acabara de librar una batalla.
Darian levantó la vista lentamente de los documentos que estaba revisando.
—¿Ahora qué hiciste?
Bastian frotó su rostro con ambas manos, despeinándose aún más y suspirando.
—Nada grave... creo —masculló—. Es solo que... digamos que una chica no se tomó muy bien las atenciones que le di.
Darian arqueó una ceja, medio divertido por su actitud.
—¿Otra de tus aventuras fallidas? No me digas que es otra de esa







