Lía lo abrió con manos temblorosas.Leyó una línea y sintió que el corazón le golpeaba el pecho.“Asegúrate de cambiar la fecha y de que Nicolás no figure. Él ya no regresará.”Lía levantó la vista, con una mezcla de furia y determinación.—Esto no es solo corrupción, Barboza. Es una traición.El abogado sonrió, inclinándose hacia atrás en su silla.—Entonces hagamos justicia, Lía. Pero a nuestra manera.Ella asintió, con la mirada fija en los papeles que sellarían el inicio de una guerra silenciosa.—Vamos a recuperar lo que le robaron. Y cuando terminemos… —su voz bajó a un susurrohelado— Mary deseará no haberme conocido.El comedor de los Cancino estaba impecable, como si aquella noche se celebrara algoimportante.Sin embargo, el aire se sentía denso, cargado de sospecha.Mary, sentada en la cabecera, fingía serenidad mientras observaba a sus hijos tomar asiento.Betty lucía impaciente, Alexander revisaba el reloj cada pocos minutos, y Jorge, másreservado, apenas disimulaba su i
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