Mientras tanto, de vuelta en Genesis, Alejandro estaba sentado detrás de su escritorio con una pila de archivos extendida frente a él. En la superficie parecía estar trabajando—pasando páginas, revisando informes y firmando documentos—pero su atención seguía desviándose hacia el reloj montado en la pared al otro lado de la oficina.Eran casi las dos de la tarde, casi seis horas desde que Daniela había salido de la casa con esa sonrisa forzada en los labios y una clara expresión de determinación.Sin embargo, todavía no había regresado.Su mirada se desvió hacia su teléfono colocado ordenadamente junto a la pila de archivos.El dispositivo había permanecido en silencio, sin ni siquiera un solo mensaje de ella. Eso era normal para Daniela, pero para él, hoy en particular, se sentía… extraño.Conteniendo un suspiro, golpeó ligeramente el escritorio con el dedo, el ritmo silencioso resonando en la habitación mientras un leve ceño se formaba en su rostro.Ella había dicho que manejaría su
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