Por un segundo, Daniela quedó atónita.Parpadeó una vez. Luego dos veces, como si hacerlo pudiera de alguna manera cambiar lo que acababa de escuchar.“¿Tú… lo harás?” preguntó, todavía visiblemente sorprendida por su disposición.Alejandro asintió con calma.“Creo que tienes razón,” dijo. “Si quiero seguir adelante, lo primero que debería hacer es deshacerme de las cosas que hay en esa habitación.”Su mirada se suavizó ligeramente antes de añadir,“Es lo mínimo que puedo hacer por ti.”Daniela abrió la boca, todavía insegura.“Pero… la has conservado durante tanto tiempo.”Alejandro no pareció ofendido por sus palabras. Si acaso, su expresión se volvió pensativa.“En parte porque no quería que Sebastián se sintiera mal,” admitió.Daniela frunció ligeramente el ceño, la confusión marcando sus cejas.“¿Seb?” preguntó.Alejandro volvió a asentir.“Cuando Jimena se fue, lloró sin parar,” explicó en voz baja. “Y cuando decidí sacar sus cosas, lo encontré durmiendo en su habitación.”Los o
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