Daniela no estaba segura de cuánto tiempo había pasado.
Al principio intentó contar los segundos en su cabeza, concentrándose en el débil sonido de tic-tac que venía de algún lugar de la habitación, pero en algún punto entre diez y quince minutos su concentración comenzó a fallar. Sus pensamientos se volvieron borrosos, como si alguien hubiera envuelto su mente en una espesa niebla.
Entonces comenzó el calor.
Empezó bajo en su estómago, una calidez lenta e inquietante que gradualmente se extend