90. Dolorosa realidad
ZairaNo podía creer lo que Leonardo me estaba diciendo.Las palabras salían de su boca, una tras otra, pero mi mente se negaba a aceptarlas. Era como si el mundo se hubiera detenido de golpe y, aun así, el auto siguiera avanzando a toda velocidad por la carretera. Mi respiración se volvió irregular, corta, desesperada. Sentí un vacío brutal en el pecho, como si alguien me hubiera arrancado algo vital.—No—susurré, negando con la cabeza—. No, eso no puede estar pasando. Mi hermana Zaleth es una loca, no fue suficiente en secuestrarme y hacerme daño. Ahora escapo de la carcel. Leonardo golpeó con fuerzas el volante.Mi hermana, se había llevado a mi hija, a mi bebé, mi pequeña Leira, que apenas tenía un mes y semanas de nacida. Y no solo eso… también a mi sobrino. A ese niño inocente que no tenía absolutamente nada que ver con la locura de su madre. Y como si el horror no fuera suficiente, había lastimado a mi madre, la mujer que nos protegió siempre, que soportó golpes, humillaciones
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