Cuando el reino de los muertos te habla directamente, cada palabra es contrato que no puedes romper.El niño se irguió lentamente, y mientras lo hacía, algo cambió en el aire alrededor de nosotros. La temperatura descendió varios grados, pero no era el frío del miedo; era el frío del reconocimiento, de estar en presencia de algo infinitamente más antiguo y poderoso de lo que había imaginado. Sus ojos, que momentos antes habían estado llenos de terror infantil, ahora brillaban con una sabiduría que había visto nacer y morir civilizaciones enteras.—Adriana Valdés —dijo, y su voz ya no era la de un niño asustado. Era múltiple, como si mil voces hablaran al unísono—. Reina de las Brujas Valdés, Devoradora de Maldiciones, la que mostró misericordia cuando podría haber elegido el poder.Mi cuchillo cayó de mis m
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