Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl tiempo en el Inframundo no fluye; se estanca, se pudre, y te miente sobre cuánto has perdido.
El grito que salió de mi garganta no sonó humano. Fue algo primitivo, desgarrado, el sonido que hace un alma cuando se rompe en pedazos tan pequeños que ya no pueden encajar de vuelta. Mis rodillas golpearon el suelo de hueso con un crujido que reverberó por toda la cámara, y el dolor físico fue una bendición comparado con lo que se desgarraba dentro de mi pecho.
Damián.
Su nombre se repetía en mi mente como un mantra roto, como una oración que había perdido su poder. Podía sentir el vacío donde debería estar nuestro vínculo, esa conexión que había sido mi ancla en este lugar maldito. No estaba completamente silenciosa, pero era como escuchar un susurro a través de una tormenta: débil, distorsionada, agonizante.
—Qu&







