Mundo ficciónIniciar sesiónLa muerte es permanente solo hasta que alguien con suficiente poder decide que no lo es.
Contemplé el cuerpo inmóvil de Damián, su piel ya adquiriendo esa palidez cerosa que marca el final definitivo. El silencio del Inframundo se extendía a nuestro alrededor como una mortaja, pero yo no podía aceptarlo. No después de todo lo que habíamos perdido, todo lo que habíamos sacrificado. No cuando finalmente había encontrado una forma de estar con él sin las voces de Helena y el Rey contaminando cada momento íntimo.
—No —murmuré, y mi voz resonó con una autoridad que no sabía que poseyera—. No acepto esto.
Javier se acercó cautelosamente, sus ojos reflejando una mezcla de compasión y alarma.
—Adriana, mi niña... a veces debemos dejar ir.
—No. —La palabra salió de mí con tal fuerza que las







