Mundo ficciónIniciar sesiónGobernar a los muertos es fácil; lo difícil es recordar por qué sigues luchando por los vivos.
El trono de hueso me aguardaba como una sentencia, sus brazos tallados con calaveras que parecían susurrar secretos que no quería conocer. Había pasado seis horas desde que reclamé este lugar, seis horas desde que me convertí en la Reina del Inframundo, y ya podía sentir cómo el poder se filtraba por mis venas como veneno dulce.
Damián se mantenía a mi lado, pero había una distancia nueva entre nosotros que no existía cuando éramos simplemente dos personas luchando por sobrevivir. Ahora él era mi consorte, y yo era la soberana de los muertos. Los roles habían cambiado, y ninguno de los dos sabía muy bien cómo navegarlos.
—Las almas están llegando —anunció Seraphina, acercándose con esa gracia etérea







