Pasa una semana más, y durante esos 7 días, Victor me educa en lo que él llama: Prácticas de BDSM.Sigue siendo súper vergonzoso, pero debo admitir que he aprendido muchas cosas interesantes sobre esta “cultura”, aunque no estoy demasiado segura de cómo definirla, ni si lo que me dice Victor es real, pero… He aprendido a apreciarla y comienza a gustarme a mi manera.Como cada tarde al atardecer, sabiendo que mi “amo” va a venir del trabajo, me apresuro a ponerme de rodillas a los pies de la cama y frente a la puerta, con mis manos entrelazadas en la parte posterior de mi espalda, esperando ansiosamente y muerta de la vergüenza.Afortunadamente mi agonía no se extiende por demasiado tiempo, pues tan solo en un par de minutos, Victor se asoma por la puerta, siempre con esa vestimenta lujosa y que le queda a la perfección, el cabello tan bien peinado, y esos ojos que parece que pueden ver mi alma.—Buenas noches, Christina —dice él de manera solemne.—Buenas noches, amo… —susurro avergon
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