El poder no espera edad. Solo oportunidad.El bebé flotaba a cinco metros de altura, suspendido en el aire como si las leyes de la gravedad fueran meras sugerencias que había decidido ignorar. Una luz dorada emanaba de su pequeño cuerpo, pulsando con cada latido de su corazón diminuto, creando ondas de energía que hacían vibrar las hojas de los árboles circundantes.Aria sintió cómo sus rodillas tocaban la tierra húmeda del claro, pero no recordaba haberse arrodillado. A su alrededor, todos los presentes —Cassian, Kieran, Isabella, Daemon, incluso los seis híbridos que habían elegido desertar— yacían postrados, no por reverencia, sino por la fuerza abrumadora que irradiaba el recién nacido.Los ojos del bebé brillaban con una consciencia que no pertenecía a ningún infante. Era una mirada antigua, ancestral, como si hubiera vivido mil
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