Antes de que Isabella entrara al dormitorio, Tom volvió a recordarle su encargo. Percibiendo su desesperación, Isabella sonrió con paciencia. —Está bien, está bien, se lo diré. En cuanto Isabella entró al edificio, otro automóvil se detuvo junto al de Tom. Era un deportivo plateado, elegante y sofisticado: el reflejo perfecto de su propietaria, Sabrina. Del asiento del copiloto bajó otra joven. —Saludos, Zenia —dijo Tom con cortesía. Zenia Maynard era estudiante de posgrado en el laboratorio del profesor Levi. Estaba en su segundo año, y como ya no tenía clases, pasaba la mayor parte del tiempo allí. Tom solía coincidir con ella en el laboratorio, y así fue como se conocieron. —¡Oh, eres tú! —respondió Zenia con tono bromista—. ¿Acabas de llevar a tu novia al dormitorio? ¡No me lo esperaba! Tom frunció el ceño, algo irritado. —No es mi novia, solo una amiga. No tenía intención de seguir explicando nada, así que se marchó sin decir más. La expresión de Zenia cambió al verlo
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