59. UNA MUJER MISTERIOSA
ISABELLAAsh gruñó, bajó de la cama de un salto y se paró amenazante entre esa señora y la atolondrada hembra que luchaba por acomodarse la ropa sobre una cama.O sea… yo.—¡Te atreves a enfrentarme después de usar mi cabaña como posada! ¡Lobo desvergonzado!Le gritó, alzando la mano, donde una llama rojiza apareció, y el rugido de Ash se volvió más salvaje ante la amenaza real.—¡Espera, tranquilo Ash! —me arrojé como quien no le tiene miedo a la muerte y sostuve al enorme animal, encerrando su cuello entre mis brazos.“¡Retrocede Savannah, no seas imprudente!” Me riñó, empujándome con el morro para que me apartara.Pero ella tenía toda la razón para estar enojada: le habíamos allanado su casa.Ay, Diosa… todo lo que hicimos en el baño…—Señora, cálmese, por favor. No vinimos con malicia, la cabaña nos dejó pasar, no sabía que pertenecía a alguien. ¡Ash, por favor!Le grité, olvidándome de que le hablaba a un lycan peligroso, pero algo me decía en mi corazón que él no me haría daño.
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