Lia
Me despierto con un mal sabor en la boca y una molestia en el pecho. Pongo una mano sobre mi corazón, frotando la zona para aliviar el incómodo dolor que se expande ahí.
Es temprano, alrededor de las seis de la mañana, pero el sueño ya me ha abandonado por completo. Por inercia, miro el lado vacío de mi cama y la puerta cerrada.
Por primera vez en mucho tiempo, nadie va a atravesar esa puerta en busca de mi cuerpo.
A esta hora, Rafael estaría colándose a mi habitación para tener un mo