El búnker subterráneo olía a circuitos quemados y algo más oscuro, algo orgánico que se descomponía demasiado rápido para ser natural. Victoria observaba los monitores parpadear en secuencias erráticas mientras el sistema Lilith colapsaba sobre sí mismo como una estrella moribunda. Las pantallas mostraban nodos desconectándose en cascada a través del mapa global: Londres, Tokio, São Paulo, cada luz roja extinguiéndose hasta dejar solo oscuridad.Se acabó, pensó, pero su cuerpo no registraba alivio. Solo un vacío hueco donde debería estar la victoria.—Transmisión detectada —la voz de Volkov cortó el silencio con la precisión de un bisturí—. Coordenadas 25.6866° N, 100.3161° W. Monterrey.Victoria sintió que el suelo se movía bajo sus pies aunque el búnker permanecí
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