La habitación olía a whisky y a algo más oscuro, algo que Victoria no quería nombrar. El lujo que la rodeaba —la cama king size con dosel de madera tallada, las cortinas de terciopelo color vino, la alfombra persa que amortiguaba cualquier sonido— se burlaba de su situación con cada detalle exquisito. Las ventanas, descubrió al acercarse con piernas temblorosas, tenían rejas ornamentales por fuera. Discretas, elegantes, pero rejas al fin.Una prisión dorada.Gabriel cerró la puerta con un clic suave que resonó como un trueno en el silencio tenso. Victoria escuchó el giro de la llave, el sonido metálico de su libertad siendo confiscada una vez más.—No tiene que ser difícil —dijo él, su voz adoptando ese tono meloso que solía usar cuando quería algo. Se quitó la camisa con movimientos deliberados, dejando al descubi
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