El sol de la tarde proyectaba sombras alargadas sobre el escritorio de Victoria cuando el investigador privado dejó caer el sobre manila frente a ella. No era el mismo que había contratado años atrás para rastrear a Gabriel; este era más joven, más discreto, recomendado por Alejandro a través de contactos que era mejor no cuestionar.—Patricia Delgado —dijo el hombre, señalando la fotografía que sobresalía del sobre—. Treinta y cinco años, enfermera registrada. Trabajó en el Centro Médico Esperanza hasta que cerró hace aproximadamente un año.Victoria tomó la fotografía entre sus dedos. Una mujer rubia, delgada, con ojeras pronunciadas que hablaban de noches sin dormir. Había algo en su expresión, una mezcla de miedo y determinación que Victoria reconocía porque la había visto en su propio reflejo demasiadas veces.—¿Dónde está la clínica?—En las afueras de Monterrey, zona industrial. El edificio sigue ahí, abandonado. Oficialmente cerró por problemas fi
Leer más