Amir hablaba con esfuerzo, si tan solo Olivia pudiera verlo, la forma en la que el mayor había sujetado su pene, y con su dedo pulgar tapaba ese pequeño orificio que buscaba descargar el placer que sentía por solo ver a su diosa de esa forma, tan entregada.—Me encanta cuando me hablas así. —dijo Olivia, con un temblor dulce, incapaz de procesar lo que su cuerpo sentía, acababa de tener un orgasmo, claro que sí, pero, aun así, no estaba satisfecha, en lugar de eso, era como si un hambre voraz se hubiera apoderado de ella, un hambre de Amir.—Porque te amo.Contestó Amir, con una simpleza que, si alguien lo hubiese escuchado, hubiesen creído que simplemente le acababa de leer un poema a Olivia, o que estaban hablando cosas tribales del día a día, pocos entenderían que esa simpleza al hablar, el diablo, no se la concedía a cualquiera, solo a sus más allegados, en especial a su esposa, un simple te amo con la voz temblorosa, podría opacar a cualquier poema romántico y cursi que existiera
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