Saimon llevaba siete días siguiéndole el rastro a Jamil por cada corredor de la mansión, siete días habían pasado desde “El Infierno”, el club donde todo había comenzado a desbordarse, donde las luces rojas les habían pintado la piel como una advertencia y Saimon, con el pulso firme de quien no tiene miedo de perder, le había lanzado su confesión a Jamil sin duda alguna.
— Jamás sentí por nadie, lo que siento por ti.
Jamil había escuchado, había asentido con los ojos tibios y la boca apretada,