Amir se puso de pie y fue por el aceite, ese que había tomado de tierras lejanas, aquel que traía el calor de Turquía.
Con delicadeza dejó que un delgado hilo callera entre los pechos de su diosa, deleitándose al ver como esta respiró con profundidad, como si estuviese a punto de sumergirse en un enorme mar, aunque quizás así era, tal vez Amir la llevaría a nadar en el mar de la pasión.
La mano de Amir comenzó a hacer un recorrido en el cuerpo de su diosa, en el cual bañó su vientre, para luego