Mundo ficciónIniciar sesiónLa verdad siempre cobra su precio, y el mío acaba de llegar con intereses que nunca podré pagar.
Valentina Solís lo supo a las 11:47 de la mañana —cuando el sol de París se filtraba a través de los ventanales blindados de la Torre Zenith iluminando exactamente la clase de destrucción que no puede repararse con dinero ni disculpas— mientras permanecía de pie frente al escritorio de caoba que Diego había golpeado







