La casa está en silencio cuando empiezo a ordenar la cocina, pero no es un silencio cómodo, ni siquiera neutro, sino uno que parece sostenerse con esfuerzo, como si dependiera de que nadie diga nada que lo quiebre del todo.La luz sobre la mesada es cálida, constante, y todo tiene una apariencia de normalidad que, en otra circunstancia, sería suficiente para relajarme: los platos apilados junto al fregadero, el sonido leve del agua al correr, la tela húmeda que paso sobre la superficie en movimientos repetidos que no requieren pensamiento.Podría ser cualquier noche. Debería ser cualquier noche. Pero hay algo que no encaja, algo que se instaló hace días, quizá semanas, y que ahora ocupa demasiado espacio como para ignorarlo.Noah ya está dormido. Lo dejé hace un rato, acomodando las sábanas con cuidado, escuchando su respiración volverse profunda y regular, como si el mundo fuera un lugar estable que no necesita ser cuestionado.No dijo nada extraño hoy, no hizo preguntas difíciles, n
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