—¿A sí? Y dime Enzo, ¿Qué es eso que el me esconde y que tú pareces conocer a la perfección? Te lo ruego, ilústrame con tu sabiduría — se burló.Enzo sonrió, no se lo diría, no todavía, esperaría a que ella se sintiera más confiada, más vulnerable, entonces, el saber que su perfecto Daniel estaba comprometido con la hermana menor de la mujer por la que el la dejo, sería como un poema.—Oh no querida, no haré tu tarea por ti, tu misma te darás cuenta de que sigues siendo la misma estúpida de siempre, y entonces, regresaras a mi llorando, y, por supuesto, con mi hijo, pues aunque digas lo que digas, ese niño que tienes es mío, lo sé muy bien, y está es tu oportunidad de hacer las cosas por las buenas, llama a Dante y dile que yo soy su padre, de lo contrario, se lo dirás frente a un juez — amenazó Enzo.Indignada, Emma alzo su mano dispuesta a abofetear a ese infeliz que años atrás la había abandonado embarazada, sin embargo, una mano fuerte y masculina la había detenido repentinamente.
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