La sala de espera del hospital se había convertido en un limbo entre la vida y la muerte, entre la alegría y la tragedia, entre el pasado que se desmoronaba y un futuro incierto que nadie sabía cómo enfrentar.Emma salió de la sala de examinación con Kaan sosteniéndola del brazo, como si temiera que se desvaneciera de nuevo si la soltaba. Su rostro mostraba una mezcla de emociones tan complejas que era difícil descifrarlas: miedo, maravilla, culpa, y algo que brillaba tímidamente debajo de todo lo demás, algo que se parecía peligrosamente a la felicidad.Ángela levantó la vista cuando los vio acercarse, su cara todavía manchada con lágrimas secas, sus ojos hinchados de tanto llorar. Bruno se puso de pie inmediatamente, alerta ante cualquier nueva crisis que pudiera sumarse a la pesadilla que ya estaban viviendo.—¿Qué pasó? —preguntó Ángela, levantándose también, su voz ronca por el llanto—. ¿Estás bien?Emma miró a Kaan, quien asintió levemente, dándole permiso o tal vez fuerza para
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