Capítulo 50. La emboscada de porcelana.
El trayecto hacia la finca de los Hawk en los Hamptons, aunque técnicamente tenían una mansión en la ciudad, Alistair prefería la "casa de campo" para las cenas de domingo.Silas conducía su deportivo con los nudillos blancos sobre el volante, como si se dirigiera a una ejecución y no a una cena familiar. Eris, por su parte, miraba por la ventanilla, alisándose compulsivamente la falda de su vestido negro. Era un vestido sencillo, de corte recto y sin espalda, que Lyanna le había obligado a comprar en una liquidación de Saks. "Por si algún día te invitan a una gala o a un funeral", había dicho Lyanna. Irónicamente, esta noche parecía una mezcla de ambas cosas.—Aún podemos dar la vuelta —dijo Silas cuando las rejas de hierro de la entrada aparecieron, iluminadas por focos que parecían de una prisión de máxima seguridad—. Podemos ir a comer hamburguesas.—Sigue conduciendo, Hawk —dijo Eris, aunque el corazón le latía en la garganta—. No voy a dejar que tu madre piense que me asustó.E
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