El amanecer caía sobre la ciudad con una luz dorada que parecía hecha a medida para la torre Golden Enterprises.El edificio no solo era alto.Era imponente.Un símbolo.Un recordatorio constante de poder… y de historia.Pero esa mañana, por primera vez en décadas, el verdadero centro de ese poder no estaba en el último piso.Estaba en el lobby.Las puertas de cristal se abrieron con suavidad, y el murmullo del lugar cambió de inmediato.Primero entró Liam.Su presencia era silenciosa, pero suficiente para alterar el aire. Traje oscuro perfectamente ajustado, reloj discreto, mirada firme. Caminaba sin prisa, pero sin vacilar. Cada paso era medido, seguro… inevitable.Los empleados lo saludaban con respeto.No por obligación.Por reconocimiento.—Buenos días, señor Liam.Él respondía con un leve asentimiento, sin perder el ritmo.Detrás de él apareció Tomás, con una energía completamente distinta. Su sonrisa era más fácil, su mirada más abierta. Saludaba por nombre a algunos empleados,
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