Las palabras que Sid quería añadir se le quedaron atoradas en la garganta.Cuando se dio la vuelta y vio a Hilda de pie frente a él, el disgusto le oprimió el pecho. A nadie le gustaba sentirse vigilado constantemente.Sin embargo, en apariencia solo pudo sonreír con suavidad.—¿Por qué estás aquí? Solo estaba hablando con Maya.—¿No volviste a buscar a otra mujer a mis espaldas, verdad, Sid? —preguntó Hilda con sospecha.—¡Claro que no! Fue un momento de debilidad en el pasado, pero me arrepiento —respondió, frunciendo el ceño. Revivir viejas discusiones era algo que ningún hombre disfrutaba.—Entonces, ¿por qué dijo eso Maya? ¿Ahora necesitas que tu propia hija encubra tus aventuras? ¡Respóndeme!—Cariño, de verdad que no…Al otro lado de la puerta, Maya sonrió satisfecha al escuchar a Hilda arremeter contra Sid.Que el caos caiga sobre ellos.…En la entrada de la escuela, los tres niños corrieron hacia el automóvil en cuanto lo vieron.Liam fue el primero en subir. Apenas entró, m
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