—Ignóralos. Se irán si creen que no hay nadie aquí… —murmuró Alexander.Maya frunció el ceño.¿Ignorarlos? ¿Eso era algo sensato?—Alexander, no… —su voz tembló.Separados por una simple puerta, lo que estaba ocurriendo entre ellos resultaba demasiado vergonzoso.—¡Papá! ¡Mami! —¡Mami, abre la puerta! —¡Abran!Alexander se detuvo. Su expresión se ensombreció. Respiraba con dificultad, intentando contenerse.Las voces del otro lado lo obligaron a recuperar el control.Los niños no parecían dispuestos a irse hasta encontrarlos.Finalmente, soltó a Maya y se puso de pie. Inspiró profundamente para calmar la agitación en su interior y se arregló la ropa.Maya, al ver su expresión ligeramente frustrada, no pudo evitar soltar una risa.Cuando él terminó de acomodarse, la miró fijamente. Sus ojos oscuros se entrecerraron levemente, todavía cargados de intensidad.Al notar aquella mirada peligrosa, Maya dejó de reír y bajó del escritorio de un salto.Pero apenas dio un paso cuando dos brazo
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