No tengo tiempo de reaccionar.Y allí está él, ocupando todo el marco de la puerta, los ojos brillantes como los de un lobo con las pupilas dilatadas. Su cuerpo es una mezcla de humano y bestia: los músculos de sus brazos y pecho están más definidos que nunca, cubiertos por un vello oscuro que se espesa en sus antebrazos, las uñas afiladas como garras. Pero es su olor lo que me derrite: dulce y terroso, como miel quemada y pino, tan intenso que me mareo.— Joder — murmura, o tal vez es un gruñido, mientras sus fosas nasales se ensanchan — Podría olerte a Kilómetros de distancia.Intenté percibir el perfume de mi propio cuerpo, pero solo puedo sentir el de él envolviéndome como una manta de seda.— No lo sabía.. — admito, retrocediendo hasta chocar contra el lavabo. Mis piernas tiemblan — Nicolás, yo…— No puedes estar sola así — dice, avanzando. Cada paso suyo me hace retroceder, pero no hay adónde ir. El baño es pequeño, y él es enorme. Cuando está a un metro de mí, se detiene, inhal
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