La casa era un caos cuidadosamente organizado. Luces montadas en la sala, cables por el suelo, un fotógrafo intentando encuadrar la escena perfecta mientras Francine cambiaba de posición por tercera vez, buscando una forma mínimamente cómoda de sostener su ya enorme barriga.—Amor, si me caigo hacia atrás, me agarras —advirtió, sin ningún tipo de formalidad.—Te agarro a ti, la barriga, el bebé y al fotógrafo si hace falta —respondió Dorian, acomodándose en el sofá.Theo, con sus cuatro años recién cumplidos, no parecía mínimamente interesado en el concepto de sesión de revista.Estaba inquieto en el regazo de su padre, girando el torso, estirando el cuello en busca de cualquier cosa más interesante que quedarse quieto.—Theo, amor… quédate quieto un poquito más —pidió Francine, intentando mantener la sonrisa.—¡Pero ya me quedé quieto! —reclamó, indignado, como si llevara horas cumpliendo un castigo.En el regazo de Francine, Matheus, con poco más de un año, dormía profundamente, co
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